He vuelto con grado II/III y diagnóstico adicional de fibromialgia, que hasta el año pasado no tenía. Llevaba también la prueba de esfuerzo de la Dra. Suárez, con un 47% de capacidad funcional el primer día y un 33% el segundo día (METS máximos 2,4). Prueba de esfuerzo, todo hay que decir, que me provocó un brote del que tardé dos meses en recuperarme.
Bueno, he salido llorando de la entrevista y por un momento me ha pasado por la cabeza cruzar la calle en rojo cuando llegara el autobús. De hecho, aún estoy llorando mientras escribo esto.
Me he quedado viendo visiones ante la "argumentación":
1. Si no pone "grado III" y "severo" no hay nada qué hacer. "Grado II/III" y "moderado/severo" es totalmente inútil. Además, este último informe es de Barnaclínic porque adelanté la visita, aunque estoy derivada y ya tengo hora para este verano por la SS. Pues si es de Barnaclínic no lo quieren ni ver.
2. La prueba de esfuerzo, según él, no sirve para nada, ni se la mirarán. Y menos si es privada. Tampoco valen para nada las pruebas neurocognitivas, y menos, otra vez, si son privadas. Le he dicho que la tenía programada para dentro de un mes, pero ni caso. Como mucho, que intente que mi médico de familia me envíe a algún servicio de la Seguridad Social. ¿Para hacerme una prueba neurocognitiva? ¿La Seguridad Social?

3. Y ya he alucinado del todo cuando me ha dicho, respecto a la prueba, que ponía grado IV (severo), lo que no concordaba con el informe, dando a entender que eso le quitaba la poca validez que se le podía dar. Me he quedado tan petrificada que no he sido capaz de argumentarle lo que era obvio: que no se podían mezclar churras con merinas. Se trata, como todos sabemos bien y él parece que no, de dos escalas distintas: una es la escala de gravedad específica del Hospital Clínic y otra es la escala funcional de afectación basada en la American Medical Association Guidelines for Impairment Rating. Un mismo grado en una y otra no son equivalentes, como puede entender cualquier persona con un poco de sentido común.
4. En definitiva, que en el Col·lectiu le dicen a todo el mundo que no se haga las pruebas, que no sirven para nada y es una forma de tirar el dinero. Lo único válido es el informe, nada más, pero tiene que tener como mínimo grado III. Si pone II/III indica que es fluctuante (¿y qué es, si no, nuestra enfermedad?) y que hay momentos que no estoy en III, lo cual ya es suficiente para la denegación.
El caso es que ni se ha leído el informe ni las conclusiones de la prueba, sólo ha pasado la vista por encima; han sido 3 minutos escasos.
Es desesperante. Fdez. Solà ya me puso II/III a regañadientes, a pesar de la prueba y de todos los síntomas exacerbados que le reporté. Da la sensación que están todos acojonadísimos ante la posibilidad de pillarse los dedos. Nos quejamos del INSS y de los jueces, pero si ya los médicos y los abogados se arrugan y se niegan a representarnos, ¿qué salida nos queda?
Y no estoy hablando de un mindundi, sino de un abogado bregado que ha conseguido la incapacidad a gente del foro: estoy hablando de Miguel Arenós. ¿Qué ha cambiado desde hace un año para que diga que no vale la pena hacerse pruebas, cuando gente de este foro ha llevado montones de pruebas con él? ¿Por qué hace un año sí y ahora no? No entiendo nada.
Ahora estoy de baja. Cuando vuelva a trabajar iré tirando hasta el verano. Después pediré varios meses de permiso sin sueldo, que utilizaré para preparar oposiciones a tiempo completo. Si las sacara (y para eso estoy tramitando la discapacidad, que me lo pondría más fácil), podría pedir reducción de jornada y mantener aún un sueldo digno. Si no las saco, tendré que optar por la excedencia y sacarme unos cuartos haciendo correcciones y traducciones por mi cuenta, más algún encargo de la universidad y alguna charla o curso. Será misérrimo, pero una reducción de jornada con mi sueldo actual también sería misérrima. Así por lo menos podré cuidarme un poco, que ahora, trabajando a tiempo completo y pasando las tardes más el domingo con mi madre de 94 años y dependiente, es un no parar.
Y no me quejo, porque hay muchas personas que están peor de la enfermedad, y muchas personas que tienen que sobrevivir con su sueldo (o sin él, si no pueden trabajar ni unas horas), y yo tengo a mi marido con un buen trabajo. No quiero ni imaginarme como sería mi situación si estuviera sóla y pagando hipoteca (la nuestra la paga él, porque yo no puedo).
Perdonad todo este rollo, pero me ha dejado hecha cisco. Me he sentido completamente ninguneada.